La Invención de Morel

Para mi primera entrada quise a un autor que estuviera realmente muerto. Compré este tomo de Obras Escogidas de Adolfo Bioy Casares sólo porque contenía La Invención de Morel.

La Invención y la Trama - Adolfo Bioy Casares

La Invención y la Trama – Adolfo Bioy Casares

Cuando era adolescente me carteaba con una chica de Chivilcoy. Chismeábamos de transgresiones y a veces nos recomendábamos lecturas. Una vez me habló de La Invención de Morel prometiéndome que me encantaría. No me quiso adelantar nada del argumento, solamente para animarme (porque adivinaba mi holgazanería) me dijo: “es un librito de 100 páginas que te lo leés en media tarde”.

La vida me desencontró con este texto y casi 30 años después yo no había leído aún el dichoso librito. Sin embargo, lo tenía apuntado en mi lista de pendientes y mantuve una voluntad de no querer saber la trama. Tenía la ilusión de que cuando pudiera leerlo todo me resultaría novedoso y fascinador, y mi ánimo sobre el libro no estaría contaminado por reseñas mediocres, como la que estoy escribiendo ahora.

Así que es justo avisar: si no sabés de qué se trata La Invención de Morel mejor no sigas leyendo. Procurate el librito y disfrutalo. Después vas a tener tiempo de regresar aquí para ver qué pavadas dije yo sobre la obra.

Compré el tomo en esa Feria del Libro de Buenos Aires en la que vino Vargas Llosa armando un despelote porque lo censuraban o lo “vetaban” o no sé qué. Estaba excitadísimo con mi libro, sentía como que se concretaba una cita a ciegas que me había organizado una casamentera treinta años atrás. Fui con Alejandro y le conté todo eso. El guacho me miró con morbosidad y me preguntó:

– ¿Entonces no sabés de qué se trata la historia?

Yo vaticiné la maldad pura que le viene a veces, y traté de alejarme mientras le gritaba: “No. No sé de qué se trata y No Quiero Saberlo. No quiero que me lo cuentes!”. Y él dijo, como si me contara un secreto que le susurró en sueños una mujer muerta1:

– Es un holodeck. La invención de Morel es la holocubierta de Star Trek.

Eso dolió y me sentí contaminado. Metí el libro en un estante para que esperara otros 30 años a que yo me olvidara de lo que había escuchado. Claro que eso no ocurrió y finalmente lo leí ayer.

La Invención de Morel está dedicado a, y prologado por, Jorge Luis Borges:

…traslada a nuestras tierras y a nuestro idioma un género nuevo. He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.

Evidentemente el viejo lo quería mucho a Bioy. Ojo, la novelita es maravillosa y con seguridad el final es uno de los mejores que he leído en mi vida, pero entenderla como perfecta es, claro que sí, una imprecisión.  El astuto de Borges usa la palabra trama, no dice novela. El muy zorro tiene el oficio de conocer la verdad sobre las palabras. Nosotros apenas vemos los símbolos, y somos eficientes para malinterpretar. El punto es que la novela no es perfecta.  Bioy hasta tiene la desfachatez de escribir una página para atar cabos sueltos, o como dice él mismo: “A continuación corrijo errores y aclaro todo aquello que no tuvo aclaración explícita…”. ¡Y se pone a enumerar punto por punto todo lo que hace algo de ruido!: Los dos soles, las mareas, la llave de luz, en fin, ¡es un caradura!.

Para que fuera perfecta le faltó arquitectura. Posiblemente haya sido una mala elección narrar desde la primera persona. En una historia como esta, donde al final todo tiene una explicación, no hace falta obligar al lector a considerar todas las insensateces del protagonista. Un narrador omnisciente tranquilamente podría soltar las dosis de misterio o incertidumbre que se requieren según la ocasión.

Pero estas críticas que hago son puras tonterías. La novela es extraordinaria. La invención de Morel es la historia de un prófugo escondido en una isla maldita, que un día de golpe aparece poblada por unos vacacionistas extraños. El prófugo se oculta y los espía. Y se enamora de una chica, Faustine. Pasan cosas muy raras. El pobre tipo se debate entre su voluntad de no ser capturado  y el apasionado amor que va creciendo por Faustine. Esta contradicción, al final se resuelve de la forma más exquisita, donde la creatividad de Bioy amalgama ciencia, romanticismo y metafísica. Repito que es uno de los mejores finales que he leído.

La idea de que el alma de las personas queda atrapada en las fotografías no la encontré en este texto por primera vez. Es una idea antigua y llena de posibilidades para los pensadores inquietos. Pero pensar en hacer un montaje fotográfico para que el alma de uno quede vinculada al alma del ser amado, y suplicar que alguien invente una máquina capaz de reunir esas presencias disgregadas, eso sólo lo escuché del genio de Bioy.

“Búsquenos a Faustine y a mí, hágame entrar en el cielo de la conciencia de Faustine. Será un acto piadoso”.      Adolfo Bioy Casares – La Invención de Morel

1.Esta es de Stephen King. Es buena, ¿eh?.

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