Cálculo diferencial e integral

Si existe el arquetipo de Libro del Estudiante Proletario, está materializado en esta edición de Cálculo diferencial e integral de Ricardo J. Noriega. Lo compré en un kiosco de textos de la UBA por menos de lo que cuesta un combo de hamburguesa con papas fritas y gaseosa grande. Fue una inversión genial.

Cálculo diferencial e integral de Ricardo J. Noriega

Cálculo diferencial e integral de Ricardo J. Noriega

La gente se desubica cuando le cuento que uno de mis pasatiempos es leer libros de matemática. Un compañero de trabajo, hiper obeso, hasta me llegó a espetar con arrogancia: ¿Y para qué sirve la matemática?… – mientras devoraba frituras sobre una consola de sonido.

Tuve el impulso de saltar sobre él, rebotar, y ultimarlo. Deben entender que soy muy cabrón. Enseguida me civilicé y acudieron a mí un centenar de respuestas groseras donde el cálculo calórico o el volumen de grasa eran el remate de un chiste. Eso no podía funcionar para mejorar mis habilidades sociales, así que me impuse civilizarme más, y le respondí lo que sé: La matemática sirve para todo.

Admito que no fue una respuesta con chispa, pero tiene mucho de verdad; y además yo no soy un tipo ocurrente.

Por lo general, llegamos a un libro de matemática porque lo necesitamos para aprobar un curso; de ahí es que entiendo que suene extraño cuando digo que los leo como pasatiempo. Claro, un pasatiempo es una actividad gratificante, y aprobar un curso suele ser un calvario. Mi primer libro de matemática lo recibí (igual que todo el mundo) como si fuera una invitación al cadalso, y podés estar seguro de que no lo disfruté. Pero aprendí algo de matemática igual, y en la práctica de esos rudimentos descubrí sensaciones muy agradables y nuevas, por ejemplo: la satisfacción de resolver un ejercicio por un camino distinto al planteado y totalmente válido.

El placer es inefable y cada uno sabe lo que entiende por placer. Cuando yo era un nene existía en mi barrio un pibe con una moto destartalada. Se pasaba largas horas atrincherado con una caja de herramientas quitándole y poniéndole piezas a esa cosa, la mitad del tiempo con expresión concienzuda y la otra mitad con cara de nada. En ocasiones extraordinarias se le iluminaba el rostro engrasado y soltaba una exclamación de triunfo (un Eureka!, digamos) y se alejaba unos pasos de la moto para admirarla en toda su dimensión, con orgullo y satisfacción genuina. Supongo que él había hecho algo con la moto, algo que a sus ojos debía ser increíblemente ingenioso, elegante u original para resolver una de las innumerables desventajas que tenía ese cacharro. Este tipo de sensaciones tendría yo en el futuro con mis ejercicios matemáticos. En aquel momento, mi visión de niño era que el pibe quería dialogar con esa chatarra pero muy rara vez la comprendía, y sólo por el mérito de porfiar obtenía escasas respuestas que lo colmaban de alegría y dignidad. ¿Y si alguna vez el pibe pudiera entender la moto? ¿Eso no sería extasiante para él?…

Pero, ¿cómo se hace? ¿Cómo se hace para entender? ¿Qué tiene que hacer uno para entender? ¿No es cierto que este es un gran misterio y que la mayor frustración para una persona es tener conciencia de que no es capaz de comprender algo que anhela entender?

Cálculo diferencial e integral de Ricardo J. Noriega es un curso de análisis matemático, así que no esperes otra cosa más que las clases de un buen profesor. Subrayo lo de buen profesor porque he leído otros cursos y doy fe de que los malos profesores también escriben libros. Una de mis peores experiencias fue fumarme Cálculo infinitesimal de una variable de Juan de Burgos. Lo que sufrí con Juan casi me convenció de que yo no servía para la matemática, estuve a punto de revolear la caja de herramientas y patear la moto.

Pero justo a tiempo me cayó en las manos el librito proletario y mal encuadernado de Noriega. Un librito que me costó diez veces menos que el de Burgos y que me dio toda la confianza y herramientas para avanzar.

Noriega no revela cuál es el misterio del entendimiento. Solamente te exhorta a concentrarte, estudiar y trabajar. Asume que hay un punto de inflexión donde lo incomprensible pasa a ser comprendido, y a aunque parezca extravagante, así sucede. Esta filosofía es realmente muy loca viniendo de un matemático: El chabón escribe un libro cuya razón de ser es la demostración científica, pero te anima a que lo leas como en un acto de fe. De algún modo nos dice: lo que está escrito acá está demostrado como verdadero, es árido de comprender, pero si te esforzás lo suficiente ocurrirá algo indescifrable que te va a iluminar y vas a entenderlo todo.

Es casi como si nos hablara un pastor. Lo maravilloso es que termina siendo como él dice, a pesar de que no exista un teorema para probarlo.

Cuando discutimos, Alejandro suele referirse a los matemáticos (entre quienes me incluye) como personas carentes de espiritualidad o intuición. En mi caso seguro es cierto. Sin embargo, cuando pienso en Noriega, me doy cuenta que este tipo fue capaz de construir un vínculo entre el razonamiento lógico y el hambre de conocimiento de sus alumnos, y que ese puente no se puede explicar con álgebra.

En la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, la biblioteca de los estudiantes lleva el nombre de él. Es fascinador ver a los chicos y a las chicas reunirse en ese lugar con sus apuntes, notebooks y equipos de mate. Los veo porfiar con sus ejercicios matemáticos como si quisieran entender el alma de una moto destartalada.

3 pensamientos en “Cálculo diferencial e integral

  1. Ignacio

    Estimado, quiero felicitarlo por promocionar este excelente libro. Soy estudiante de matemática pura y no conozco ningún libro a la altura del “noriega”, su rigor y pedagogía son únicos. Cuando alguien me pregunta de dónde estudiar cálculo de una variable, mi respuesta es inmediata: del “noriega”.

    También quería pedirle, si no es molestia, que me revele dónde compró este preciado libro (o sea, la ubicación del kiosko), ya que desde hace tiempo que quiero conseguir otra copia para un familiar.

    Desde ya muchas gracias. Saludos.

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  2. mcr

    Estudié cálculo allá por los ochenta con los cuatro libritos de Noriega: El número real, Sucesiones, Derivadas e Integrales. Por lo bueno que eran, pasaron por varias manos (hermanos e hijos). Hoy los redescubrí por casualidad. Me alegró saber que sigue/n vigente. Los voy a releer. Por placer.

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