Acerca de este blog

Disfruto mucho conversar con Alejandro, copita de Bols de por medio. Claro que a lo largo de veinte años la frescura de las divagaciones ha ido decayendo y es más infrecuente que me sorprenda con algún tema realmente nuevo, aunque siempre tiene comentarios ingeniosos.

Hace un tiempo se había puesto especialmente repetitivo con algunas ideas malsanas, que abundan en los libros que él lee. Son libros aburridos y supersticiosos que no me despiertan ninguna curiosidad. En su peor época no quería hablar de otras cosas, y aunque yo trataba de guiarlo con docilidad a confabulaciones amenas, el tipo se empecinaba en volver a sus filósofos malditos.

Un día me harté y le dije que lo iba a grabar para que comprobara que hablaba cada vez de las mismas obsesiones con casi las mismas palabras y citando siempre a su caterva de autores dañados. Yo estaba enfurecido (que viene a ser mi estado de normalidad) y él se tomó un par de segundos para ensimismarse y luego resurgió parodiando al nenito de Sexto Sentido y me dijo: “Gordi… leo gente muerta”.

Al día siguiente le registré el nombre de dominio y le abrí un blog. Le propuse que lo usara para compartir con desconocidos esas incertidumbres tediosas con las que me bombardeaba. Le insistí y lo insté, pero nunca aceptó el regalo del blog. Con el tiempo su ánimo mejoró, pero siguió sin manifestar interés por instalarse aquí, aunque sabe que este lugar se lo dedico. Hace más de un año que este espacio está deshabitado, así que decidí ocuparlo. Después de todo, yo también leo gente muerta.

Advertencia:

Abandoná cualquier esperanza de encontrar aquí una voz académica, un juicio de valor fundamentado o un norte para tus lecturas. Aquí se bebe Ginebra Bols y se divaga sobre cosas que se han leído y que ignoramos si están escritas o las imaginamos.

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